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 Asunto: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Vie Jul 22, 2011 6:57 pm 
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1. Ella.

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Esta historia comenzó, no me olvidaré mientras viva, un 28 de junio de hace catorce años. Hacía dos que mis padres se habían separado, y apenas tres días que yo, por obra y gracia de no saber cerrar la boca a tiempo, me encontraba en un rincón perdido de Egipto, como ayudante de fotografía de una amiga y como traductor improvisado de un grupo que aglutinaba, a partes iguales, aventureros, aburridos de la vida, y curiosos en general. Y, todo eso, sin tener ni idea de cómo funcionaba una cámara de fotos.

Te podría decir con absoluta certeza la hora en la que todo mi universo ardió, hasta el minuto exacto, porque yo estaba mirando en ese momento mi reloj y pensando, por milésima vez en aquella hora, qué diantres hacía yo en Egipto, sudando como cochino. Fue entonces cuando ella apareció.

"Las tormentas de arena revisten tres formas: remolino, columna y cortina", nos repetía el 'especialista' en el desierto que intentaba, en vano, inculcarnos un poco de sabiduría que nos fuera a salvar el pellejo cuando nos adentraramos en el desierto. "En la primera desaparece el horizonte..."

"... ya podrías desaparecer tú un rato", me decía, harto de sudar y de tragar polvo.

"...en la segunda te ves rodeado de figuras danzantes..."

"...que cosa, y yo aquí, rodeado de gilip..." Era obvio que si el pesado no se callaba, algo gordo iba a suceder, porque yo estaba hasta las narices.

"...en la tercera la naturaleza parecer arder..."

"...y yo sin poder volver a casa hasta dentro de dos meses..."

Fue entonces cuando ella apareció.

Mis ojos estaban clavados en la nuca del "especialista", mientras me preguntaba que pasaría si mi bota chocaba violentamente con esa parte de la anatomía humana que comienza donde termina la espalda. Lo confieso, para tener veinticuatro años, era un joven bastante irascible. Pero, párate a pensar y ponte en mi situación:

Estás sentada (o sentado) en algún lugar de Gilf al Kabir, una llanura enorme situada en el sudoeste de Egipto, un lugar monísisisimo para dorarse bajo los rayos del Sol, vive Dios. Y allí estaba yo, sudado y sudando por cada uno de mis poros, cubierto de polvo, recubierto de una apestosa loción protectora para evitar que mi piel se pusiera colorada -vano intento, porque ya lo estaba-, y escuchando a un tarugo que nos explicaba cómo es una tormenta de arena. Eso si, sin darnos un sólo dato útil. Lo que, hay que reconocer, tiene su mérito.

Al menos el sol estaba medio puesto y no nos fastidiaba mucho. Es decir, en lugar de estar a 60º, estabamos a 50º. Quien no se consuela es porque no quiere, que dice el dicho. Pues yo estaba desconsolado.

¿Era o no era para matar al "especialista"? Y encima uno con los calores del verano y los propios de mi juventud, pues mis ojos iban de la nuca del especialista al culo de mi amiga, la fotografa que me había metido en aquel lío. Ay, que cerquita que lo tenía... Y mira que era redondito... Ay si...

Fue entonces cuando ella apareció.

Lo cierto es que nada en mí debió llamarle la atención. Total, yo era un joven acalorado, con cara de malas pulgas y que evidentemente no tenía ganas de ser amable, porque no estaba de humor. Por desgracia, quiso el destino que alguien le tuviera que decir que yo hablaba inglés. Y ella, más británica que el Big Ben, flemática como ella sola, quiso saludarme, pensando, por algún malentendido, que yo era compatriota suyo. Cuando se solucionó el malentendido ya era tarde.

Camino de la carpa donde ibamos a tomarnos un refrigerio tuve la oportunidad de fijarme un poco en ella. Inglesa de pies a cabeza, desde su leonina melena dorada hasta sus deliciosos ojos azules y su eterna sonrisa sorprendida, aquella sonrisa que tantas veces me sacaría de quício. Entonces un relámpago dorado hirió mi retina: en su dedo, un anillo, recuerdo de boda y de un marido.

Inconscientemente tomé nota de ese hecho y opté por tomar las medidas correspondientes (a veces me pregunto dónde se quedó aquel joven que yo fui), pues, como supe luego, el marido también estaba en nuestra feliz panda de descerebrados.

Aquella noche fue cuando uno de los guías nos contó una leyenda que los habitantes del desierto occidental libio, según la cual el diablo a veces toma forma de mujer y arrastra a los hombres a la perdición. Sin embargo, otros dicen que, al ser mujer durante unos instantes, el diablo, afectado por su condición femenina, es incapaz de seguir los dictados de su conciencia perversa y, quizás a pesar suyo, ama al hombre al que quiere perder.

Tonterías, me dije. Encantadoras, pero tonterías. Y así cometí el error de, no darle la mayor importancia.

Y seguí deleitandome observando las sombras que la hoguera dibujaba en el cuerpo de mi amiga, que, de repente, era todo curvas.


Última edición por Felipe38 el Sab Ago 06, 2011 7:48 pm, editado 2 veces en total


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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Sab Jul 23, 2011 6:31 pm 
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Registrado: Jue Abr 07, 2011 9:53 pm
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Tienes una forma amena de escribir y expresarte, me gusta :)
Pero esperaba una morenaza árabe en tu historia!!! :P

un saludo


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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Sab Jul 23, 2011 6:53 pm 
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Lo más parecido que por allí había a las morenazas egipcias eran los camellos... :( Yo no se si las escondían cuando yo salía o qué, pero ni una, no vi ni una.

Miento, si que vi "morenazas" egipcias. De sesenta años p'arriba...

Gracias por los elogios :wink:



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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Dom Jul 24, 2011 3:05 pm 
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2. Perdido en el desierto.

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Apenas ella hubo llegado tuvimos una racha de espantosa mala suerte. Primero con los vehículos -al que no le fallaba la transmisión tenía problemas con las bujías-, y luego, por último, la avioneta que tenía que proporcionarnos fotografías aéreas de la zona por la que debíamos avanzar estaba inmovilizada en El Cairo por una inesperada avería. Era una mera coincidencia, pero como muchos de los ayudantes egipcios -entre los que la misogínia era tan normal como el darse los buenos días- no paraban de decir que la culpa era de la recién llegada, al final la histeria se contagió. Era eso o culpar a los camellos, imagino.

Para desafiar a la aparente mala suerte, se decidió realizar una corta salida de "reconocimiento". Ibamos a visitar unas formaciones rocosas que, según François, nuestro experto, eran únicas en la zona. Todo el mundo se sintió entusiamado por la idea y partimos de inmediato. Yo, para que mentir, me limité a seguir a la masa, ni demasiado entusiasmado ni demasiado aburrido.

Por decirlo rapidamente, fue un desastre.

Todo el viaje no hubiera debido de durar más de dos días, pero al final se prolongó por espacio de cuatro. Que si uno lee el mapa mal, que si otro maneja mal la brújula, que si... En fin, fallos estúpidos que provocaron peleas entre los componentes del grupo. Por si faltaba poco, una tormenta de arena se nos vino encima y yo, en el ajetreo de ponerse a cubierto, me perdí. No se cómo lo hice, pero así fue. Y al verme perdido en mitad de un océano de dunas, en lugar de ponerme histérico me quedé muy tranquilo ("nene, la has cagado", recuerdo que me dije). Total, para lo que iba a servir que me pusiera nervioso...

No recuerdo cuanto tardaron en encontrarme, pero fueron varias horas, y cuando lo hicieron yo estaba, para que mentirlo, hecho unos zorros, con algo de insolación y empezando a estar más churruscado que una salchicha a la brasa. Flota por mi memoria que alguien me gritó de todo por perderme. Por suerte, mi mente iba y venia de un estado de dolorida consciencia a uno más agradable de delicioso ensueño y no me enteré demasiado de lo que me decía antes de sumirme en otro bienvenido periodo de oscuridad.

Poco puedo relatarte de lo acontecido durante el camino de regreso, pues me pasé más tiempo durmiendo que despierto, pero ronda por mi memoria los murmullos de uno de los locales que repetía una y otra vez en francés "El amor viene de Dios, es de Dios y va hacia Dios". Tal vez fuera mi malestar general que me hacía tener alucinaciones de todo tipo o tal vez el egipcio tenía un lado místico, que todo es posible (Después de todo, si en aquel grupo teníamos desde filólogos a geógrafos y eruditos varios, ¿por qué no ibamos a tener un aspirante a teólogo entre nosotros?).

Llegó un momento en el que, de tan mal que me sentía, me aproximé a una insensibilidad total, y me vi dividido en tres partes: una de ellas semi-consciente, que reflexionaba en voz alta sobre lo sucedido, riéndose a su pesar; la segunda, fuera de mi, flotando por arriba, mirando con curiosidad lo que hacía la carne. Y luego estaba una tercera parte, locuaz, que hablaba consigo misma sin parar. Entonces llegaba el sueño y acallaba todas las voces.

No me desperté hasta estar camino de El Cairo. Al parecer se había suspendido la expedición, por el desastroso resultado, las averías de los vehículos y el general mal ambiente. Pero François, el "experto", ya hablaba de una segunda.

-En el corazón del desierto- decía- se encuentra un oasis donde los nativos dicen que mora...

Era tan interesante lo que decía nuestro genio particular que decidí dormirme. Entonces ella, Helen la inglesa, cogió mi cabeza gentilmente y la apoyó en su regazo. Recuerdo que miré sus ojos, azules e inexpresivos, mientras me dormía, y tuve la sensación de que observaba un gran enigma.


Última edición por Felipe38 el Sab Ago 06, 2011 8:14 pm, editado 2 veces en total


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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Dom Jul 24, 2011 9:13 pm 
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Hola Felipe.
Me ha rechinado ese "ojo" del inicio, la repetición de "recuerdo" en el cuarto párrafo y en el inicio del quinto de la segunda parte; alguna coma que has situado cortando frases y esta expresión:

"Debíamos de haber llegado allí en dos días". Ese "debíamos de" me cuesta, me cuesta... ¿a ti no?

Espero las siguientes entregas.


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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Lun Jul 25, 2011 9:59 am 
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Muchas gracias por leerme y, sobre todo, por tomarte la molestia de avisarme de mis fallos, AliasGraces.

Si, al releerme ahora esa frase también le he notado algo raro. Es curioso que no me diera cuenta cuando repasé esa parte antes de postearla.

La siguiente entrega está al caer. Sólo tengo que acabar de pulir una pequeña "transición" de personajes, por así decirlo.

De nuevo, ¡mil gracias!



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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Mar Jul 26, 2011 8:29 am 
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3. Vendiendo mi alma al diablo.

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Luego, cuando ya no había vuelta atrás, Helen me dijo que se sentía culpable, pues fue a través de ella que la conocí. Supongo que era tan absurdo acusarse de lo sucedido como de arrepentirse por lo que pudo ser y no fue.



Helen me visitó cada día mientras estuve en el hospital por una especie de instinto materno que mi torpeza le inspiraba. Un día en el que me hallaba considerablemente irritado, pues los médicos me habían estado tocando la moral con incesantes y absurdas preguntas –soy alérgico a los hospitales, no me gustan los médicos, pero adoro a las enfermeras-, mi británica favorita vino a visitarme acompañada por otra chica. Era alta, delgada, con largos y lacios cabellos dorados, de marcados pómulos, nariz un tanto gruesa y hermosos ojos verdes, aunque algo separados y, sobre todo, unas interminables piernas, exquisitas, aunque los pies eran menos glamurosos y, en mi opinión, un poco vulgares y feos. Era de una belleza turbadora, pero no de ese tipo de mujeres que en cuanto la ves exclamas "es una diosa".

Si Helen me resultaba entre desconcertante y enigmática, la recién llegada tardó muy poco en resultarme odiosa. En sus frías facciones se dibujaba una sonrisa irritante, una especie de diversión por mi absurdo estado y tardamos poco en empezar a intercambiar "puyazos" verbales, hasta que Helen, viendo que el cariz que tomaba aquello, optó por dar por acabada la visita y llevarse antes de que se diera un asesinato. A partir de ese momento la recién llegada se convirtió en "la Arpía".

Al día siguiente tuve un acceso de fiebre que me empujó a declararme con gran pasión a Helen, la cual lo aceptó con una divertida sonrisa, una mirada irónica y un sencillo comentario:

-Si estás así con fiebre, no quiero imaginar como estarás borracho.

Chof.

Ni una ducha fría hubiera apagado mis ánimos con mejor resultado. Vamos que me enfrié. Del todo. Sin embargo, de este planchazo salió una de mis mejores amigas y mi gran amor platónico.

El día que me dieron de alta estuve a punto de volver a ingresar directamente en la UVI. Fue cuando supe el nombre de la que se iba a convertir en mi mayor dolor de cabeza por una larga temporada, para bien, para mal y para peor. Me visitaron las dos (mi británica y "la Arpía" de piernas inacabables) mientras me vestía para por fin marcharme de aquella casa de locos y no tuve mejor ocurrencia que saludarlas de la siguiente manera:

-Hombre, han venido Pixie y Dixie!

-Hombre, el gato Jinks está de buen humor! -replicó Helen, sonriendo. Pero maldita la gracia que le hizo a la otra. Vale, te concedo que verse comparada con un ratón no tiene que resultar divertido. Pero podría haber sido peor.

Ya fuera por educación o por lo otra causa, mientras Helen estuvo presente tanto mi futuro castigo divino como yo guardamos las formas, aunque sus ojos me lanzaban dagas, obuses y de todo. Ah, dirás, con toda la razón, esperaba su oportunidad. Si, y como el diablo gusta de provocar a los que quiere perder, la tuvo. En cuanto Helen salió lancé el primer ataque:

-Lamento que no me veas salir en silla de ruedas -dije con una sonrisa sarcástica.

-Tampoco es que haya tanto que ver. -respondió con un tono de voz desdeñoso y una mirada indiferente.

En todos los morros: Arpía 1 Idiota 0.

-Pues mira para otra parte...

-Entre mirarte y contemplar el techo, tú ganas. -aquí ya empezó a sonreir, y si hubiera escuchado los gritos de mi sentido común, me hubiera callado. Pero era joven y temperamental, y no pude.

-¿Ah sí?

-Sí, el techo no se irá al suelo, pero tú estás a punto...

Arpía 2 Gran Idiota 0.

Como es obvio, no quise callarme y el intercambio de esgrima verbal prosiguió durante algún rato, incluso cuando tuve que ir al WC. Ella no llegó al punto de seguirme al excusado, pero seguimos intercambiando "piropos". Fue entonces cuando el destino quiso dejarme en el ridículo más completo. Tras recibir una de sus andanadas de mi Arpía favorita en toda la línea de flotación, perdí la paciencia, los nervios y la cordura. Sin darme cuenta de mi estampa, abrí la puerta de un tirón con la intención de contestarle algo muy feo cuando vi que sus ojos reflejaban sorpresa primero, diversión luego y, finalmente, una alegría de lo más curiosa. Sólo tarde unas décimas de segundo en darme cuenta de que, con las prisas y el giro brusco, mis pantalones habían caído al suelo, junto con mi ropa interior y que, como no llevaba camisa pues no me había acabado de vestir, mi estampa era un tanto impúdica. Completo mi descripción añadiendo que estaba moreno de cara, brazos (de codos en adelante) y de rodillas para abajo y el resto parecía, en contraste, un vaso de leche. Súmese mi cara de desconcierto, el flequillo despeinado y la expresión más idiota que uno pueda poner. Para comerme a besos...

Aquí me detendré para permitir que te rías bien a gusto, pues me lo merezco.

Ella, en contraste, estaba preciosa. Si, he dicho, y lo mantengo, que su belleza no era de esas que te golpea al momento, sino que, como el buen vino, la vas paladeando poco a poco. Iba vestida de su manera favorita, como luego supe: botas negras hasta la rodilla, con un tacón exagerado (el calzado más adecuado para el clima de El Cairo, voto a brios...); un vaporoso y cortísimo vestido color crema de tirantes, ceñido, con un dibujo de filigranas en hilo negro en un lateral que subía desde la cadera hasta su seno derecho, y sin más ropa interior, salvo un minúsculo tanga que hubiera podido servir perfectamente como el cinturón de un pitufo. Y esos ojos verdes de gata rodeados por su leonina melena dorada, nunca más lisa, a partir de entonces siempre ensortijada, siempre revuelta, como ella misma. Ah, y ese, como no, eterno cigarrillo entre sus labios curvados en su perpetua sonrisa sarcástica.

Entonces lo hizo... puso uno de sus largos dedos en mi pecho y me empujó suavemente, provocando el resultado previsible, es decir, que perdí el equilibrio y caí hacia atrás, quedando sentado en la taza del WC. De repente la tuve encima, sentada en mis piernas, con sus manos en mi cara y su boca sobre la mía, frontandose contra mí, haciendo que la fiebre volviera. Entonces tuvo que volver Helen.

Ella golpeó con suavidad la puerta del WC, que se cerró sin hacer ruido y, con una sonrisa malévola, se levantó para correr el pestillo. Al separarse sus labios de los míos me sentí huérfano, náufrago, como si una parte de mi alma hubiera escapado de mi ser y mil preguntas saltaron a mi mente -pienso demasiado-. Una vez de pie, el vestido se deslizó hasta el suelo con un simple movimiento de caderas y hombros. Pero yo no podía apartar mis ojos de los suyos, en los que veía bailar una luz divertida. Todo fue tan breve como inesperado e incompleto. Le aplasté contra la pared con la urgente necesidad del deseo, sin juegos previos, sin caricias, sin nada, una mera urgencia animal, tan breve como insatisfactoria. Y así fue.

Y mientras tanto, Helen ahí fuera, a la que imagino preguntándose dónde diantres estaba yo. Y yo, mal que me pese el decirlo, ya ni me acordaba de ella. Voluble que era uno. Y este inconstante ser estaba dentro del cuarto de baño, dentro de una mujer que, mientras me clavaba las uñas en la espalda, me susurraba su nombre al oído. E intentando no hacer demasiado ruido y que el trajín no se notara.

Supongo que mi angel de la guarda hizo horas extras en ese momento...

Y de repente todo acabó: mordí su hombro para sofocar el grito de placer, ella me arañó un poco más y continuamos unidos, sujetándonos y, al final, besándonos con suave abandono. Helen se marchó, perpleja, mientras yo me aferraba todavía aquel cuerpo desnudo que me abrasaba, atrapado en su mirada.

Durante el resto del día su nombre giró en mi boca como un delicioso licor.

Daría.


Última edición por Felipe38 el Dom Ago 07, 2011 3:43 pm, editado 4 veces en total


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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Mar Jul 26, 2011 4:26 pm 
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Registrado: Dom Nov 14, 2010 2:26 pm
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El primer párrafo, ¿no está fuera de lugar? :roll:

¿Por qué los médicos le estaban tocando la moral al prota?

¿Qué pasó para que el día de su alta estuvieran a punto de ingresarlo en la uvi?

¿Reingresó o no? Esto lo pregunto por la escena del baño con la arpía. Si está ingresado no va vestido, sólo pijama. Y si está en la uvi, menos. Y si va vestido entonces no estaba en los sitios anteriores. ¿Te confundo?

Citar:
(el calzado más adecuado para el clima de El Cairo, voto a brios...);
Muy bien traída esta nota, de lo contrario te hubiera hecho la consabida pregunta: ¿en el desierto y con esas pintas? Peeerooo... ¡voto a bríos! ¿En un hospital con cigarrillo? (ah, ya, que El Cairo es El Cairo :-p )

Más que "Entonces tuvo que volver Helen", yo diría: Entonces (en ese momento o de repente) volvió Helen. Esta parte, la escena del baño y Helen fuera, es poco creible porque una habitación de hospital con baño no tan grande como para que si entra alguien no perciba todo ese trajín; además, el protagonista no puede saber qué se está preguntando la persona que está fuera (puede suponer, divagar...) y mucho menos que su cara era de completa perplejidad a no ser que los hubiera visto.

Redactas y te expresas muy bien (aunque te cepilles alguna tilde y esas cosas :mrgreen: )

Pd: Ah juro que no me reí :mrgreen:


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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Mar Jul 26, 2011 4:29 pm 
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Mensajes: 4116
Ostras Alias, hay días que me recuerdas mucho a una colega mía del trabajo....



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 Asunto: Re: Y, de repente, ella.
NotaPublicado: Mar Jul 26, 2011 4:35 pm 
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Registrado: Jue Jul 21, 2011 11:54 am
Mensajes: 3813
AliasGraces escribió:
El primer párrafo, ¿no está fuera de lugar? :roll:


Juraría que no. Es una reflexión "futura" de Helen sobre sentirse culpable por haber presentado al tarugo del prota y a la "Arpía".

Citar:
¿Por qué los médicos le estaban tocando la moral al prota?


Porque es alérgico a los hospitales. Toca añadirlo, ahora que lo dices.

Citar:
¿Qué pasó para que el día de su alta estuvieran a punto de ingresarlo en la uvi?


Que la "Arpía" le subió la tensión, como juraría que había dejado claro :mrgreen:

Citar:
¿Reingresó o no? Esto lo pregunto por la escena del baño con la arpía. Si está ingresado no va vestido, sólo pijama. Y si está en la uvi, menos. Y si va vestido entonces no estaba en los sitios anteriores. ¿Te confundo?


Le habían dado de alta y se estaba vistiendo para marcharse, así que no estaba en la uvi, si no en su habitación preparando para largarse. No, no me confundes, lo que sospecho que yo a tí un poquito... :cry:

PD: Veo que el apodo ha dejado huella :mrgreen:

Citar:
Muy bien traída esta nota, de lo contrario te hubiera hecho la consabida pregunta: ¿en el desierto y con esas pintas? Peeerooo... ¡voto a bríos! ¿En un hospital con cigarrillo? (ah, ya, que El Cairo es El Cairo :-p )


La dama era capaz de fumar en un hospital y de reir en un funeral...

Citar:
Más que "Entonces tuvo que volver Helen", yo diría: Entonces (en ese momento o de repente) volvió Helen. Esta parte, la escena del baño y Helen fuera, es poco creible porque una habitación de hospital con baño no tan grande como para que si entra alguien no perciba todo ese trajín; además, el protagonista no puede saber qué se está preguntando la persona que está fuera (puede suponer, divagar...) y mucho menos que su cara era de completa perplejidad a no ser que los hubiera visto.


Muy pero que muy cierto. Tendré que pasarme más a menudo por los hopsitales... :mrgreen: Vamos a retocar esa parte.

Citar:
Redactas y te expresas muy bien (aunque te cepilles alguna tilde y esas cosas :mrgreen: )


Chis la mar...

Citar:
Pd: Ah juro que no me reí :mrgreen:


Snif, snif...



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