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Fecha actual Jue May 24, 2012 3:16 pm
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Felipe38
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Asunto: Re: Y, de repente, ella. Publicado: Dom Jul 31, 2011 9:35 am |
| Romber@ Avanzad@ |
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Registrado: Jue Jul 21, 2011 11:54 am Mensajes: 3813
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5. Oscuridad. Los árabes dicen que hay dunas que se asemejan a la silueta de la espalda de una mujer. Así, de repente, todo el desierto me hablabla de ella. El descubrimiento fue un mazazo. Por un instante mi máscara se rompió y Helen pudo ver a través de sus grietas con dolorosa claridad. Cerré los ojos para no ver cómo se compadecía de mí, pues sólo empeoraba mi agonía. En mis manos tenía el diario. Al perder estas su fuerza, el volumen escapó de su sujección y lentamente resbaló hasta el suelo, esparciendo sus fotos por la arena. Helen puso su mano en mi hombro y murmuró sus condolencias. Un poema acudió a mi mente: " ¿Quienes son esas sombras a las que esperamos y creemos que una tarde descenderán en limusinas desde el cielo ?" (1) Apoyé mi cabeza en la palma de mi mano. De repente sudaba profusamente, pese a la brisa que el atardecer había traído. En otras circunstancias hubiera saltado, pues el susurro del aire portaba la cortina de arena que el haboob, procedente del Sudán, arrastraba por los confines de Egipto. Cerré los ojos y, como un niño, me refugié en el regazo de Helen, roto, cansado, destrozado, deseando volver al útero materno y no salir de él. Ella comenzó a acariciar mi cabello y murmurar palabras de consuelo, mientras yo seguía con los ojos cerrados, sintiendo el contacto de su cuerpo, inconsolable, egoístamente insensible a cualquier dolor y emoción que no fueran las mías. Como los niños, cerraba los ojos con la esperanza de que así desaparecerían las malas noticias. A diferencia de ellos, sabía que al abrirlos la catástrofe seguiría allí. “Pasará –me repetía a mi mismo-, el dolor pasará”. Sus dedos dibujaban en mis hombros las palabras de sosiego y ánimo que sus labios repetían, y sus brazos me sostenían suavemente, como una madre acunando a su hijo inconsolable. Su dolor por mi sufrimiento era tan palpable como esa aura de bondad que exudaban todos sus poros y que yo había fallado a reconocer hasta ese momento, perdido en el espejismo de su exhuberante sensualidad. Me mecía dulcemente y yo, tozudo, me negaba a dejar escapar el dolor, que, como decía el poeta, es la última forma de amar. A lo lejos ardía la brillante cortina del haboob, un velo dorado que puede alcanzar los mil metros de altura y que va seguido de lluvia. Era uno de esos vientos que suspiraba hacia el cielo. Los árabes cuentan que hay una planta a la que si cortas un trozo del tamaño de un corazón, al día siguiente encuentras el hueco lleno de un líquido delicioso. En mi corazón se podía hallar una presa tan grande como la de Asuán. (1) Del poema Body of Work de Stan Rice (1942-2002)
_________________ Dame besos con sabor a tí. "Mad, bad, and dangerous to know" «La razón sobreestimada, como el estado absoluto, empobrece el individuo»
Desvaríos varios, pensamientos sueltos, yo a granel. Confesiones Clandestinas (Transición 5/02/2012)
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Felipe38
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Asunto: Re: Y, de repente, ella. Publicado: Mar Ago 02, 2011 11:44 am |
| Romber@ Avanzad@ |
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Registrado: Jue Jul 21, 2011 11:54 am Mensajes: 3813
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6. Et in Sodoma ego... Dispuesto a devorar su negro corazón regresé a El Cairo, alimentándome de celos y traición, de confianza herida y orgullo malparado. Así que lo primero que hice al llegar fue irme directamente a su hotel, sudado, ojeroso, sucio, con la capa de la fina arena del desierto cayendo de mis ropas con cada paso y recitándome mi antología de reproches y quejas. Y allí, a las puertas del hotel, me encontró con ella y con mi destino. Ella se bajaba del taxi justo cuando yo doblaba la esquina y me pregunté que derecho tenía a decirle nada. No era mi esposa, ni mi novia, ni nada. Me sentí estúpido, así que me di la vuelta y lentamente me alejé. Pasée por las ajetradas calles de El Cairo, me perdí en sus bazares camino de casa, entre las llamadas a oración a los fieles de las mezquitas cercanas. Pecador en una ciudad santa, me detuve a comprar en una tienda un libro. Ana Karenina. De todas las posibles novelas, esa en particular. Así que opté por hacer una de las cosas que, a veces, me tranquilizan. Escuchar música (las "Variaciones Goldberg", con el prodigioso Glenn Gould al piano) y leer. Tumbado en la cama sin más atuendo que unos pantalones cortos, leía, leía y leía, cuando de repente Daría llegó. Sonaba la fugheta de la décima abertura, aunque no estoy seguro del todo que fuera esta parte porque había repetido un par de veces el Aria. De lo que si estoy seguro es que ella llegó justo en el momento en el que Vrosnky se cae durante una carrera de caballos y los sentimientos de Ana la dejan en evidencia y la traicionan. -Algún día –me dijo-, tendrás un disgusto si te sigues dejando la puerta abierta. Puede entrar cualquiera. -Como tú, por ejemplo –repliqué. No replicó. Tan sólo me miró. Ahí estaba la cara de una mujer que bien podría ser la de una violadora de capellanes o la virgen patrona de los traidores. Me miró durante un largo instante mientras se despojaba de la ropa con aire reflexivo. Lentamente, como tantas otras veces, la suave tela del vestido acarició llorando en su descenso la piel que yo tanto amaba, hasta formar un mar de seda a sus pies. No mencionó mi lamentable estado que contrastaba con su pulcro estado, inmaculado, con su larga melena recogida por un lazo azul que era una especie de característica distintiva. Se tumbó a mi lado y me cogió gentilmente mi rostro entre sus manos y me besó, provocando una descarga al rozar su lengua la mía, rodeándome con sus brazos y atrayéndome hacia su ansioso cuerpo que tardé poco en desnudar, liberando su prohibida belleza. Me entretuve en sus pechos, acariciándolos con la vista primero y luego con labios y dedos. Fui subiendo hacia a su boca para de nuevo regresar a sus pechos, repasando primorosamente con mis labios la geografía de aquellas colinas (que ningún mapa jamás dibujaría y que ningún geógrafo jamás elogiaría) mientras su vulva me reclamaba a gritos. Hacia allí voló mi mano, que quedó atrapado por sus piernas, cuando estas se cerraron bruscamente en un espasmo delicioso. Mi boca prosiguió el descenso hacia el valle de su ombligo y luego fue más allá, hacia el paraíso. Así comenzaron mis diez últimas noches en aquella pensión de Sodoma.
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Desvaríos varios, pensamientos sueltos, yo a granel. Confesiones Clandestinas (Transición 5/02/2012)
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AliasGraces
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Asunto: Re: Y, de repente, ella. Publicado: Mié Ago 03, 2011 11:37 pm |
| Romber@ Avanzad@ |
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Registrado: Dom Nov 14, 2010 2:26 pm Mensajes: 377
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Hoy, doña correctora no ha venido, no sé dónde se ha quedado. Ella se lo pierde y yo me lo he ganado.
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Felipe38
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Asunto: Re: Y, de repente, ella. Publicado: Vie Ago 05, 2011 10:18 am |
| Romber@ Avanzad@ |
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Registrado: Jue Jul 21, 2011 11:54 am Mensajes: 3813
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7. Ese nombre que jamás pronunciarás. -No se qué hacer –dijo- ¿Cómo puedo ser tu amante y su mujer a la vez? ¿Cómo puedo ser dos mujeres tan diferentes a la vez? –Tras un largo silencio, llorosa dijo-. Nunca había sido tan feliz ni tan desdichada a la vez. Estoy presa de estas mentiras, estos celos, este egoísmo... Mi silencio era elocuente. ¿Qué podía decirle? Ella odiaba las mentiras, y ahora vivía una mentira conmigo. - ¿Tú que odias? –me preguntó de repente. -Ser poseído, los recuerdos vanos, las lamentaciones inútiles. Su cólera ardió y su puño salió disparado hacia mí, golpeándome con fuerza. Su cólera se enfrió con los minutos, mientras que el morado me duró varios días.  Nuestra relación se convirtió a partir de entonces en una colección de heridas y golpes. Era su manera de escribir nuestra historia: en mi piel. Antes de abrazarla me paraba a mirar los objetos punzantes o arrojadizos que nos rodeaban, por mera prudencia pero siempre en vano. Cubierto por las huellas de sus uñas tenía que inventar descabelladas historias a mis amigos, a los que les resultaba incomprensible esta nueva propensión mía a los accidentes, y para contener su curiosidad me inventaba historias inverosímiles. Cuando ella escuchaba mis desvaríos se reía de mis estúpidas excusas y me miraba, con una maliciosa luz en los ojos que me volvía loco de deseo. -Tal vez sea no tener nada que hacer... tanto ocio no puede ser bueno –dijo su marido inocentemente en una ocasión, mientras nuestros amigos, burlones, se codeaban vanamente, pues ignoraban cual era la auténtica realidad que había entre ella y yo. Una vez ella se adelantó y, como si se diera cuenta de que yo estaba allí, examinó con expresión curiosa el rastro sangriento de sus uñas en mi cuello. Con aire inocente y casual dijo: -Tal vez sea una mujer que haya conocido –y, señalando a mi cara, añadió:- ¿no es eso un arañazo? –cogiendo mi mano, prosiguió:- ¿no es esto un mordisco? -Fue una gata –dije yo. Y noté sus ojos clavados en mí, anuncio azul de sus uñas. Incomodo intenté cambiar de tema, comentando anécdotas extravagantes, hablando sin cesar. Seguíamos corteses, educados tras nuestras máscaras sociales, y ella deseaba abofetearme, y para reprimirse se mordía los labios hasta que una fina gota de sangre se deslizaba por su barbilla. Y, en esos momentos, yo la deseaba aún más. Incluso entonces había deseo, como cuando bailábamos en frente de todos, de su marido, del mundo entero, tan corteses, tan distantes a la par que tan próximos, ardiendo bajo nuestras frías miradas, deseando encontrar un rincón oculto y oscuro en el que saciar nuestra violenta hambre.  Si los continentes se separan, si los océanos se alejan, ¿por qué no han de hacerlo los amantes? Igual que vino se fue. Una noche estaba y a la mañana siguiente ya se había ido. Un amanecer, hacia las seis, sintió la necesidad de marcharse, pero no encontraba uno de sus zapatos. Lo hallé, medio escondido, medio enterrado entre las ropas, a mi lado. -Gracias –dijo, y se marchó sin ni siquiera mirarme a la cara. No había mascara más perfecta que su cara cuando caminaba cogida de la mano de su marido por el hall del hotel. En el fondo no podía odiarla, aunque no me faltaban ganas. Con un encogimiento fatalista de hombros regresé al desierto.  Tras marcharme de Egipto, al abrir las maletas me encontré su carta: "No creo que te importe que haya ocurrido esto entre nosotros. Huyes de todo con tu aversión a la posesividad, a que te nombre. Crees que se trata de una virtud. Yo lo encuentro odioso. Eres inhumano. Te dejo porque me quieres así, porque lo quieres así. Me has matado por dentro. Por lo menos podrías dejar de defenderte, de ocultarte en tus sombras." Ella me había despedazado. Y si ella me había hecho eso a mí, ¿qué daño le habría causado yo a ella?  ¿Fue tan terrible lo que hice? ¿Acaso no perdonamos todo, el engaño, las mentiras, el egoísmo, los celos, todo, a un amante, siempre y cuando seamos la causa de esos actos? Con el tiempo conocí historias de hombres a los que el diablo, vestido por formas de mujer, les había arrebatado el alma y en todas esas historias reconocí mi propia caída. Una historia de amor no versa sobre aquellos corazones que se extravían en la tormenta, sino sobre aquellos otros que descubren que el corazón no puede engañar a nada ni a nadie, ni a la sabiduría del pasado ni al sueño del futuro, ni a uno mismo. Esta es mi historia, escrita en mi cuerpo, en mi alma y en mis ojos, que son un libro sin páginas, sin palabras. Mi historia está ya contada. This is the End, my beautiful Friend.
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usuario4
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Asunto: Re: Y, de repente, ella. Publicado: Mié Ago 10, 2011 8:19 pm |
| Romber@ |
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Registrado: Jue Mar 10, 2011 11:28 am Mensajes: 101
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Bueno… creo que es la primera vez que digo esto, por un momento me has dejado sin palabras, no por no saber que decir si no quizás por querer decir muchas y no saber como empezar.
No cabe duda que me engancho desde el primer párrafo y me deje llevar sin mas, no paso a valorar su ortografía la cual veo impecable (porque entre otras cosas ni es mi costumbre ni soy quien) solo seguí adelante leyendo su contenido metiéndome en esa historia, llena de sentimientos encontrados los cuales hemos vivido todos alguna vez en nuestra vida, pasión, lascivia, lujuria y amor sencillamente si mas, con esa pizca de egoísmo que todos tenemos cuando amamos y…
¡Me encanto todo lo que leí! Tienes un gran potencial como narrador y haces sentirse integrado en el relato, tanto que puedes vivirlo, ha sido un placer leerte y con tu permiso lo seguiré haciendo, saludos.
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Felipe38
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Asunto: Re: Y, de repente, ella. Publicado: Jue Ago 11, 2011 7:13 am |
| Romber@ Avanzad@ |
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Registrado: Jue Jul 21, 2011 11:54 am Mensajes: 3813
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Me siento profundamente alagado por tus amables palabras, Eloradana. A ver qué me inspiran las musas...
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