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Como la canción de Jhon Lennon "Oh, my love"... Para curarme de la grave herida con la que me he quedado, lo único que puedo hacer es intentar recordar lo que yo consideraba buenas sensaciones (aunque solo fuesen parte de una fantasía) porque se supone que algún día deberán ser verdad. Recuerdo todo lo que no fue verdad, pero que si lo hubiese sido podría haber sido algo bonito y agradable. Recuerdo la ilusión, los nervios, recuerdo cuando recibía un mensaje suyo las sensaciones en mi estomago y no son las mariposas, NO. Cosquilleos sexuales. No era la persona adecuada pero ahora nadie me produce nada de eso. No llegas y “caes” en esas idealizaciones y fantasías. No hay deseo ni confianza, ni reconciliación conmigo, ni miedos a acercarse… No hay belleza en la realidad. No hay invención de nada que convierta lo que no era en momentos mágicos. Ya no hay magia, nada es sublime, nada está idealizado, no hay sueños ni ilusiones. Ya no se intenta hacer un cielo en el infierno… No era como yo pensaba. No merecía todo eso. No contuve nada mi ilusión. Tan solo me estaba estafando. Yo vivía un sueño y a él le daba igual. No puedo imaginarme ver mi sueño cumplido, mi problema resuelto. No puedo creer en un sexo por el cual vaya a sentir orgasmos impresionantes. No hay sueño donde una caricia podría producir sensaciones impresionantes. Estaba loca. Soñar y horas y horas cómo iba a ser el día en que me fuese a decir que sí, que me quería igual que yo y soñar con cómo iba a desnudarme suavemente, y yo a él, como iba a ser el acercamiento poco a poco hasta derretirme con su tacto... Pero solo eran sueños, eso no es de este mundo… Las sonrisas, las caricias, los besos, las palabras que esperaba oír de su boca. Esperaba su abrazo, su piel, y su desnudo cuerpo sobre el mío, esperaba algo glorioso, una fusión. Era una fantasía absurda. Se quien hay dentro de esa fachada con la que yo tanto fantaseaba y ahora sé que hay cosas que no me gustan pero el peor de todos los defectos que tiene es LO QUE OPINA REALMENTE DE MI. El peor de sus defectos soy yo de la que nunca esperará esa fusión, ni esas sonrisas en la cama. No hay nubes de tu pelo ni ningunas… Nada de eso había, nada de eso hubo, nada de eso ha habido nunca… El sexo es algo sórdido, incomodo, donde el que cae desnudo encima de ti es como un amasijo de humano vacío por dentro delante del que hay que aparentar. Y esto hubiese sido así contigo en la realidad. No hubiese sido como en los sueños. Habría sido sórdido, incomodo, vergonzoso, un fracaso, un error, habría sido usada una vez más de tantas. Hubiese tenido que desear que terminases pronto mientras yo miraba al techo y me sentía extrañísima con lo que estaría sucediendo si hubiese sucedido. Al final habría sido una experiencia negativa. No creo que hubieras sido amable. Mi mejor sueño se habría convertido en una auténtica pesadilla porque tan solo eras “un listo” y hubiese caído en la red que tejiste. Si hubiese picado y te hubiese venido bien usarme en cualquiera de las veces que me he ofrecido tan solo me habrías destrozado porque tan solo me desprecias. Es difícil para una loca como yo contrastar su fantasía sublime con la realidad. Ahora estoy contrastando al Jesús de mi mente y al Jesús de carne y hueso y entre el que yo soñaba y el verdadero había demasiado distancia. Menos mal que no me devoraste, me usaste y me mandaste a casa a llorar para luego gritarme más y decirme “que no era para tanto”. Eso ya me lo han dicho otros devoradores… Creo que si yo me hubiese acostado con Jesús, al día siguiente hubiese sufrido muchísimo, habría sido el día de los 3 orfidales y habría sido ya el final de ECO100. No creo que hubiese podido soporta luego seguir yendo allí sabiendo lo que hubiese sabido… Creí que mis sueños de un amor elevado eran posibles. También creí que mis sueños elevados de hacer algo que me gustase con mi vida eran posibles. Ahora si que estoy nadando a la deriva en el mar de las penas sin solución… La forma que tuvo la historia de comenzar la echo un poco de menos y la situación también porque desearía algo similar en cuanto que se mantuviese un proceso un poco ambiguo hasta que derivase esta vez en algo verdadero al final y no en un portazo en mi cara. Pero es que no quiero ir con prisa, no quiero hacer las cosas directamente, querría tener la oportunidad de conocer a una persona durante un tiempo antes de que pasásemos a ser algo. Me parece que no es así como se hacen las cosas realmente ¿no? Si alguno de los amigos que he tenido me hubiese gustado… Amigos a los que he podido conocer durante un tiempo o si una amistad como la de Gastón derivase en algo un día… Pero es evidente que no tengo ganas de meterme en una web de internet y quedar y al segundo día intentar acostarme con ese alguien que no será más que un desconocido a cuya vida no pertenezco en absoluto. Ni tampoco un tío de una discoteca. Ni tampoco algo tan evidente como un tío de un curso que me pida un teléfono para quedar para tomarnos una cerveza y luego follar o tal vez a la segunda cerveza. Paradójicamente, por lo que he pasado, para mí una cerveza con Jesús era algo mucho más importante y grande y no era necesariamente una cita y sin embargo era una posible oportunidad de algo que podría llevarme a lo que yo deseaba. Era un intercambio de ideas con alguien que consideraba importante o especial. En realidad no era tan especial pero yo lo vivía como si lo fuese. Para mí era algo intenso lo que yo sentía y estaba oculto, esperando… Mi sueño habría sido que hubiese desembocado en lo que yo deseaba. ¿Qué pasó con mi fe en un amor que era “touch my tears with your lips, touch my wounds with your fingertips”? ¿Algún día podré tener algo así? Soy incapaz de soñar con la llegada de alguien que se vaya a sentir así igual que yo, aproximándose con miedo a la cercanía porque le importase a donde se va acercando. Soy incapaz de soñar con la llegada de alguien, en general. Soy incapaz de soñar con la llegada de ningún hombre con el cual el sexo no me vaya a resultar una incomodidad indiferente, casi una obligación. Con él hubiese sido lo mismo: una incomodidad, casi una obligación en el momento en que me hubiese encontrado allí estoy segura de que yo habría recibido brusquedad realista por su parte. Y es que todo lo realista se me hace brusco, se me hace insatisfactorio. Todos van a por lo que van y tan solo para ellos. Yo me voy a quedar soportando el saco de patatas encima de mí hasta que termine corriéndose dentro de mí y entonces se pueda producir el efecto palomita pop-corn y por fin voy a poder dormir y a ver si no me insisten más y a ver si se termina la noche para poder terminarme yo. Esto es lo que sucede una y otra vez. Muchas ocasiones con problema de condón incluido o de miedo al día siguiente, tomar pastilla o tenerme que hacer prueba de sida a los 6 meses. No encuentro a nadie que me guste y no tengo fe en gustar a nadie que a mí me guste. Tan solo sé que puedo gustar a aquellos que no me gustan. Persona de la que me enamore, hombre del que me sienta enamorada, hombre que no sentirá nada por mí. Hombre que se marchará después de haberme follado malamente. Todo lo que soñé solo fueron sueños…
Historia de Sidarta Gauthama el BUDA cuyo final me ha sugerido ponerme a escribir lo que habeis leido arriba Capítulo 4 LOS DOLORES DEL AMOR
Nuestras alegrías son tiernas flores que la lluvia mancha y el viento deshoja. Cuántos puros amores fueron frustrados en el pasado, cuántos lo serán en el futuro. ¡OH, cuánto dolor deja el querer! Yasodara era de sangre noble y, entre la raza Sakia, existía la tradición de que, cuando una doncella fuese pedida en matrimonio, el pretendiente tendría que batirse en duelo con los otros aspirantes a su belleza. Aunque el rey Sudodana era autoritario, no podía contradecir esta costumbre ya que lesionaría su honor. La alegría de saber que su hijo podría cambiar fue tan inmensa como fugaz; sabía que Sidarta nunca se había interesado por practicar las artes atléticas de la guerra. Con seguridad sería vencido por el adversario. Varios y muy valientes los tenía pues, la princesa Yasodara era la mujer más hermosa y codiciada que el mundo había conocido. El brillo de sus ojos opacaba el esplendor de las estrellas y su tez, matizada por el Sol, reflejaba la poesía de todos los espectáculos celestes. Por ello Devadata, el primo que había jurado vengarse, encontró la oportunidad propicia para arrebatarle a Sidarta su tesoro mas preciado. Junto con Arjún, otro joven ambicioso, ambos fuertes y valientes, retaron a Sidarta a ganar el máximo trofeo al cual se podía aspirar: Yasodara. Aquí no valía el amor sino el triunfador. El padre de la princesa la entregaría con honor al vencedor. Las mujeres no tenían en ese entonces el divino derecho de elegir al dueño de sus corazones. Las absurdas ideas de monje de Sidarta, el contacto con sabios y la meditación eran cosas que no le ayudarían en nada en este caso. El rey no sólo sufriría por haber perdido la oportunidad de ver feliz a su hijo, sino que también quedaría en ridículo por las burlas a que se iba a exponer su heredero ante un público sediento de proezas. El día de la competencia llegó. En el campo atlético se reunieron, a un lado los muy versados jueces en artes marciales, la corte en pleno, invitados especiales, príncipes y nobles. En un sitio especial, tan asustada como una gacela herida, una rosa celeste llamada Yasodara gemía internamente temblando impotente. Horas más tarde sería el botín de un ganador desconocido. Arjún tenía su frente abultada por un cúmulo de maldad. Devadata simplemente tenía el alma endemoniada. Al otro lado, el pueblo se amotinaba entre las barreras de guardias reales que, a golpes de escudo y espada, los mantenían a prudente distancia. Un espectáculo que nunca se repetiría, nadie lo podía perder. El rey, sentado en rojos almohadones y rodeado de elegantes atavíos, era abanicado con manojos de plumas de pavo real que de nada le refrescaban su alma que sudaba fuego. Dio la orden y el clarín sonó. Se hizo silencio y las respiraciones se contuvieron. El juez revisó la distancia de un tablado con tres círculos y un punto donde debía clavarse la flecha de los contrincantes. Devadata pidió un arco de presión media propia para jóvenes fuertes; estaba confiado porque desde niño se había entrenado en estas artes, aunque, esta vez no se trataba de un juego, y la distancia era superior a las acostumbradas. Estiró al máximo el arco, hizo una mueca y soltó la flecha; ésta se clavó en el segundo círculo. La gritería y los tambores estremecieron el suelo. Con una carcajada vulgar celebró su triunfo. Siguió el arrogante y fuerte Arjún . Pidió un arco de talla dura, pero, al no poderlo encorvar, se contentó con uno de presión media. Tomó tiempo suficiente para calcular el ángulo, disparó la flecha y ésta se clavó en el primer círculo. La algarabía fue mayor pues lo daban ya por ganador; nadie podía superar su acierto. Miró con desprecio a Yasodara y sacó su asquerosa lengua, como queriéndole decir a la princesa que pronto sería su pastel favorito. El turno fue de Sidarta. Pidió el arco de grado fuerte y temple duro. Solicitó que el tablón fuera alejado 30 pasos más de lo corriente y estiró el arco tres cuartas partes en su totalidad, ante la mirada incrédula de Arjún. Miró las copas de los árboles y notó que el viento soplaba hacia el occidente; tuvo en cuenta el detalle para desviar el arco algunos grados dado que la flecha sería desviada en parte por la brisa. Estiró nuevamente al máximo el arco duro, meditó por un instante, se concentró, contuvo la respiración y le dijo a la ágil saeta: -te doy la libertad para llegar a volar como el rayo, justo a la meta. La flecha silbó cortando el aire en dos y se detuvo justo en el punto céntrico, con tal impacto que tumbó las dos flechas anteriores que estaban a medio clavar. No hubo algarabía. La gente se negaba a creer y todos se preguntaban, cómo pudo Sidarta realizar tan certero disparo. Chana mismo, quien asistía al príncipe, le preguntó: - ¿Cómo lo hiciste, si en tu vida no habías practicado? -Mira Chana -le dijo el príncipe-: la vida del hombre no comienza en el nacimiento ni termina en la tumba. Cuando vine a este mundo ya traía los dones y habilidades que tú aún no conoces; esto y mucho más ya lo había hecho. Chana no comprendió muy bien y tampoco hubo tiempo para más explicaciones, puesto que ya los clarines anunciaban la segunda competencia. Se trataba de partir de un golpe de espada dos troncos previamente escogidos y medidos por los jueces. Devadata logró partirlos sin problemas; Arjún tuvo mala suerte; aunque su golpe fue muy fuerte, la espada no entró en posición correcta y se partió. Sidarta pidió que se pusieran tres troncos y, con encendido brío, de un solo golpe recto y certero, los partió. Hubo gran bullicio y las barras vociferaron a su favor. Pero aún faltaba la última competencia, la más difícil, y valía por las dos anteriores. En ésta podía establecerse un empate lo cual era peligroso: El mejor jinete debía llegar a la meta en el menor tiempo posible. Arjún montaba el mejor corcel entrenado, ganador de todas las carreras en que había participado. Devadata montaba a Titán el invencible, Sidarta en el blanco KANTAKA . Sonó el clarín de la partida. Arjún y Devadata batieron sus látigos, y las espuelas se clavaron en el vientre de los corceles los cuales, asustados y adoloridos, partieron con gran estruendo y velocidad tomando la delantera. Sidarta, únicamente acariciando a Kantaka, le susurró al oído: -Corre, síguelos y alcánzalos. Faltaba un cuarto de pista para llegar a la meta, cuando un meteoro blanco sobrepasó a los dos jinetes que proferían gritos y batían sus látigos tratando en vano que sus asustados y atormentados corceles aumentaran la velocidad. Al presentarse ante los jueces, Arjún y Devadata desconocieron el triunfo de Sidarta, aduciendo que no era él quien había ganado sino que cualquiera que montara al gran Kantaka lo hubiera hecho. Propusieron entonces que, quien durara más tiempo montado en un brioso e indómito caballo salvaje, fuese el ganador. LA FIERA NEGRA Sidarta aceptó el reto. A la arena fue traída por 10 hombres, con lazos y palos, "La Fiera Negra": Caballo de pura raza a quien nadie había podido montar. Fue acuñado contra dos tablones de su altura para poder detenerlo mientras alguien osaba montarse en él. Lo único blanco que tenía era la espuma de rabia que brotaba por su boca. Sus cascos de plomo eran un arma mortal para el desprevenido que estuviera a su alcance. La turba aulló enardecida. Estaba sedienta de ver sangre, y tanto mejor si provenía de la realeza. La marea humana se desbordó de emoción y los guerreros utilizaron el filo de sus espadas para calmarlos. El espectáculo se tornó rojo y la impetuosa luz del medio día comenzó a ennegrecer las espaldas. Al ver al gigante negro, Arjún sintió cómo el miedo le hacía burbujas en su estómago y renunció a montarlo; obviamente lo sacaron de la competencia. Una blasfemia atroz retumbó en su interior. El orgullo, la ambición y la envidia de Devadata le obligaron a montarlo mientras el gigante animal estaba fuertemente atado. Y ocurrió que, antes de que fuese soltado el salvaje corcel, de un relincho lo lanzó por los aires como si se tratase de un mosquito. Un relámpago de ira brilló en los ojos de Devadata; escupió groseramente el suelo y maldijo todo lo que estaba al alcance de sus turbios ojos. Sidarta dijo: -Yo montaré al que creen que es un ser indómito. La familia real que presenciaba la competencia se puso de pie, Yasodara se cubrió con el velo y no quiso mirar. El rey iba a cancelar el acto al ver que la vida de su hijo se encontraba en juego, pero Sidarta en ese momento se acercó de frente al noble animal, el cual había sido maltratado por los hombres. Trató de tocarlo pero el caballo desconfiaba; parecía que sudaba fuego. Sidarta recordó las instrucciones que le había enseñado Koti, cuando tenía ocho años: - "Si tu mano es amable y tus palabras tiernas, podrás conducir un rinoceronte con un cabello". Sidarta le habló; con mucha precaución, acarició la crin del maltratado animal y continuó hablándole. Aun sin montarse ordenó que fuesen aflojando suavemente las sogas que lo incomodaban. El príncipe continuó hablándole al noble corcel en esta forma: -Si te dejas montar por un minuto, te daré la libertad por toda la vida- y parece que le entendió. Sidarta se montó suavemente en la fiera negra; las cuerdas fueron aflojadas suavemente hasta ser desatadas por completo y el brioso animal, en trote lento, dio una vuelta por el campo de arena. El príncipe saltó pronto a tierra y cumplió su promesa. Dando una palmadilla en el lomo del gigante negro le dijo: -Corre veloz, eres libre. La fiera negra emprendió veloz carrera hacia su libertad dejando tras de sí una espesa nube de polvo. Nunca más se le volvió a ver. El pueblo estalló en júbilo. La honorable corte estaba de pie para ver el feliz desenlace pues el padre de Yasodara debía entregar con toda pompa a su hija como premio al ganador. Cuando se disponía a hacerlo, Yasodara, sin consentimiento de su padre, emprendió veloz carrera hasta donde se encontraba Sidarta. Con voz entrecortada por la emoción le dijo: - ¡No es mi padre quien me entrega con honor, soy yo quien te regala con amor mi corazón! Y te aseguro, dueño de mi ser, que si no hubieses triunfado, en este momento yo no viviría, por que únicamente nací para ti. Aunque ese acto estaba muy distante de ser la costumbre de la época, puesto que se debía conservar el protocolo que la realeza había preparado para el evento, el amor puro en ninguna época tiene condiciones. En ese momento las estrellas comenzaron a orbitar los corazones unidos de la pareja real. Por un momento los novios sintieron ser el centro del Universo. Sidarta experimentó un impulso espontáneo y abrazó a Yasodara y, en un beso ferviente y delirante, le expresó lo mucho que la amaba. Nunca pensó que llegaría a hacer esto con una mujer, quizá el instinto natural le enseñó a hacerlo. Cuando hay amor no se piensa... y, si se piensa, no hay amor. Minutos antes en la ruda competencia había derrotado a los más fuertes y, sin embargo, su respiración no se encontraba alterada. Mas, en ese instante se sintió desfallecer y por poco cae a tierra derribado por el contacto con una flor, tan sutil como un capullo recién abierto, que lo sumergió en un tibio embeleso; es natural que le haya ocurrido eso porque amar y ser amado es como juntar la luz de dos soles. Cuando Sidarta bajó en temperatura, le dijo: -Gracias Yasodara por convertir un niño triste en un hombre feliz. Los crespones de zafir del firmamento se fueron apagando. La pareja real se retiró de la multitud. Ese día mil flores nacieron en el campo y, en la noche una nueva estrella brilló en el firmamento.
Pido delicadeza con los comentarios que hagais. NO sé si he conseguido transmitir la sensación de anhelo, de deseo, intimo, que tengo y no encuentro. Los sueños...
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