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 Asunto: Es trapón.
NotaPublicado: Mar Ago 30, 2016 4:47 pm 
Romber@ Novat@
Romber@ Novat@

Registrado: Mar Jun 23, 2015 11:22 pm
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Hoy he llevado a comer a una de mis amadas a un restaurante distinto. Mi nena no sabía en qué era distinto el restaurante. Yo tampoco se lo he dicho. Simplemente le he dicho si le apetecía ir a comer a un restaurante bueno. Así fuimos. Todo el mundo que va sabe lo que tiene de distinto el restaurante. Y quien no lo sabe y lo comprueba puede hacer dos cosas: quedarse o marcharse. Los precios son aparte de lo que tiene este lugar de diferente. Y allá fuimos mi nena y yo.

Mi nena es preciosa. Sus pechos son abundantes y deliciosos. Firmes, apetitosos. A la entrada del restaurante un cartel bien visible avisaba: "Es condición indispensable que a lo largo de la comida las damas elijan un momento para sacarse un pecho y terminar la estancia con el pecho fuera. Todo lo que ocurra después queda a voluntad del cliente." Lo leímos y entramos. Con el mensaje acababa lo diferente que tiene el restaurante. Todo lo demás dentro de él era normal. Las mesas estaban llenas de parejas y de algunos grupos con dos o tres chicas. Algunas nenas comían, reían o sonreían con el pecho fuera de la blusa o de la camiseta. Algún sujetador había debajo de la mesa o al lado del plato. Había otras que aún no habían decidido soltarse la teta. Se veía también a alguna clienta con el pecho fuera que le había bajado la cremallera al camarero, había sacado su rabo y empezaba a comérselo. El camarero de pie disfrutaba con el rabo erecto y los ojos cerrados. Una mujer muy lujuriosa estaba aplastando con delicadeza su pezón y de él salían chorritos de leche que iban a parar a la boca de su pareja que estaba frente a ella en la mesa y tenía la boca abierta, la lengua fuera y la cabeza adelantada, con una visible excitación en su actitud.

Al momento se nos acercó el camarero que nos atendió durante toda la estancia. Y nos sentó en una mesa al lado de la ventana que da a la calle por donde pasan transeúntes continuamente. Y pueden ver desde fuera que se trata de un restaurante y de que hay gente sentada en las mesas. El camarero tomó nota de lo que íbamos a comer. Y cuando volví le insinué con la mirada le sacara con su mano el pecho de la blusa a mi nena y le hice un gesto con la cabeza: "adelante". El camarero nos sirvió los platos y bebidas que habíamos pedido y dejó la bandeja en una mesa cercana. Acto seguido se acerco a mi amada niña y lentamente acercó su mano a su pecho, mientras mi nena me miraba, la metió bajo la blusa y sacó su hermosura de debajo, dejando la maravilla a la intemperie del escenario. Maravilloso. Mientras, mi nena, enviciada por la novedad, bajó la cremallera del camarero y sacó al aire su hermoso rabo, que ya estaba amorcillado.

Y ahora es cuando entra en escena la abuela de mi vecina, que había visto la escena desde fuera, al pasar por delante de la ventana y se había quedado agazapada detrás de ella observando. Yo hacía como que no la había visto. La abuela está obsesionada con la religión. Hasta que un día dejó de ir a misa y se obsesionó con los pájaros. Se compró uno y lo cuidaba todos los días. Ella no entiende de sicología pero yo, que entiendo algo, sé que asocia los pájaros con los penes. Y tener un pájaro la consolaba a la mujer. Lo sé por su forma de comportarse. Me fastidia un poco que sea tan retorcida y que esté siempre ocultándose, cuando todo el mundo ve lo que le pasa. Pero es así. Ya empiezo a aceptarlo. El caso es que a la abuela se le murió el pájaro. Y eso fue una tragedia para ella. Porque lo interpretó como si a su pareja le hubieran cortado el pene. Fallece el pene, fallece el pájaro, fallece el marido. Y como estaba educada a la antigua no pudo asumir comprarse otro. Así que se disfrazó de monja. Y estaba metida en su casa todo el día, disfrazada de monja y haciendo el papel de madre superiora, severa, autoritaria y castigadora, que es como a ella le habían educado. No se afeitaba los pelos de la barbilla porque es pecado tocarse un pelo del cuerpo. Así que estando así las cosas... esta mujer obsesiva estaba pendiente continuamente de lo que hacía yo. Se obsesionó conmigo, porque soy guapo, alto, encantador y con una educación algo parecida a la suya. Ella cree que es mi guía y educadora. Y que tiene que estar pendiente de mí, porque quiere que me eche novia formal. Alguien que sea como ella. O alguien a quien ella apruebe. Para mí es bastante molesto. Y he tenido que ir al sicólogo por este motivo. Pero todavía no he superado la presencia enfermiza de esta señora. El caso es que también he intentado hacer algo por la vía de lo legal. Por ver si se puede legalmente hacer algo contra esta mujer que me está acosando. Pero me han dicho que si no hay pruebas de acoso evidentes no se puede hacer nada. Así que sigo yendo al sicólogo, que es mi única esperanza. Y sigo con el relato. Supo que había salido de casa y salió también. No resistía estar en casa sabiendo que yo había salido. Necesitaba salir porque sabía que yo estaba fuera. Y si me veía le daría placer. Así pues, la mujer obsesiva me vio por casualidad en el restaurante a través de la ventana que da a la calle y se quedó agazapada observando. Como dije yo preferí hacer como que no la había visto, pues si desviara mi atención hacia ella yo mismo echaría al traste todo el momento de disfrute que había ido a experimentar con mi nena.

Y dicho esto seguimos con lo que estaba ocurriendo, pues lo de la abuela fue sólo un momento fugaz. El camarero acariciaba la teta de mi amada. Y disfrutaban los dos. Mientras tanto yo miraba al resto de comensales: la corrida espectacular de un camarero de pie con las piernas algo flexionadas, eyaculando chorros sobre la cara de una señora de unos 30 años girada hacia él en la silla, con la teta fuera, hermosa, bella, suave, con el moño medio deshecho por el frenesí de la ocasión. Dos chorros pasaron por encima de la cabeza de la señora y fuero a caer en las piernas de otra mujer en otra mesa. En otra mesa un hombre de unos 29 años había estado varios minutos mirando, sin poder evitarlo y visiblemente excitado, a la nena de la mesa de al lado, que ya se había dado cuenta. Al muchacho se le veía el bulto bajo el pantalón. Al cabo de esos minutos y sin aguantar más, impulsado por una energía que iba más allá de su control, el muchacho se levanta violentamente, se acerca despacio a la nena, que llevaba el pecho fuera desde hacía 16 minutos. Su pareja y ella habían estado comiendo con normalidad desde hacía 24 minutos. Disfrutando del ambiente. Hasta el momento en que ella, con su mano había decidido que había llegado el momento de sacar su pecho fuera. Y así lo hizo. Desde ese momento el joven al que me he referido antes se había quedado encandilado de su seno. Le fascinó. Blanco, rosado el pezón. Abundante. Firme. Joven (la nena tenía 23 añitos). No pudo apartar la mirada. Estuvo a punto de sacarse el rabo del pantalón y eyacular sin tocarse mientras comía. Pero decidió esperar a no aguantar más, para darle todo a la nena. Y así fue. Se acercó, como dije, cargado de pasión y lujuria. Una pasión y una lujuria que la nena sabía que se estaba produciendo en él joven. Una pasión, lujuria y energía que, por tanto, la joven esperaba recibir, abierta a todo. Y así fue. Cargado, apasionado, el joven con paso excitado y lento llegó a ella. Ella giró finalmente su cabeza hacia él para mirarlo. Y décimas de segundo antes de que ella encontrara los ojos de él... él con un movimiento tremendamente rápido, llevado por una fuerza superior y como si de un potente imán se tratara echó su mano a su pecho. Y en ese momento el muchacho se sintió como poseído. Como si el cuerpo de ella hubiera sido siempre una continuación del suyo y que, en ese momento, su mano materializase dicha prolongación. Su mano se aferró a su pecho con poderío, con pasión, como si de algo propio que puede escaparse se tratara. Lo acarició sintiendo su suavidad. Y sintiendo que se estaba produciendo una transferencia. Ella se había dejado llevar. Y él había formado parte del cuerpo de ella desde el momento en que se aferró a su teta. Con violencia y amor la levantó de la silla. La puso de espaldas a él contra la mesa donde estaba comiendo. Comprobó con excitación y nerviosismo que no llevaba bragas y eso le "enfadó" aún más. Le hincó la verga por el coño mojado ya. Y la transferencia se siguió produciendo. Esta vez más rápido. Para sorpresa de ella, cuando iba a eyacular se salió y enfocó su rabo macho sobre la pareja de ella, que había estado contemplando el espectáculo con gozo y con el rabo fuera, masturbándose. Atónito y excitado se quedó cuando vio que saltaban sobre él, sobre su cuerpo vestido, sobre su rabo al aire, 7 chorros fuertes de semen caliente del hombre que se supone que iba a fecundar a su nena.

En fin, el panorama era delicioso, mirase por donde se mirase. Todo el mundo disfrutaba. Todo el mundo se entendía. Nada de complejos. Todos disfrutaban de su cuerpo y del de los demás. En mis mesa el camarero estaba en ese momento follando con mi nena. Sentado sobre la silla donde ella estaba la poseía. Ella lo cabalgaba. Él le comía los senos. Me quité los pantalones y me quité el slip de encaje de seda veis que llevaba. Los zapatos me los dejé puestos. Mi rabo pendía grande, poderoso, venoso y largo llevaba rato amorcillado, por todo lo que percibía a mi alrededor y enfrente de mí. Me acerqué así al camarero y a mi nena follando en la silla. Ella me vio. Su mirada era de lujuria. Estaba transformada. No parecía ella. Pero me encantaba verla así. Me encantaba verla gozar de ese modo. Sin freno. Me miro, mientras el camarero se la follaba viva. Y sin dejar de mirarme agarró mi rabo, que pendía amorcillado, con su mano delicada, con su mano pequeña, de uñas de dedos suaves cortadas. Yo seguía medio erecto. Me gustaba así. Y sabía que a ella le excitaba mucho que estuviera semierecto. Sabía que me gustaba que su mano acariciara mi rabo como si no lo tocara de verdad. Ella disfrutaba tremendamente de la escena. Y más desde que aparecí yo. Entonces ella perdió el control del todo. Miré al camarero, visiblemente ido. Y él me miró, como diciéndome que se iba a correr pronto. Mi nena llevaba falda corta y zapatos bajos, de suela plana. Su interior era tanga, que yacía encima de la mesa. Me encantaba verla así, sin control. Había perdido el control del todo porque sabía que yo estaba allí con ella. Porque sabía que podía perderlo estando yo cerca. Porque sabía que además me gustaba que lo perdiese cuando estaba yo cerca, porque me gustaba verla gozar como una perra. Y así lo hizo. Le dije con la mirada al camarero que se podía correr, pero eyacular debía hacerlo fuera de mi nena. En sus piernas, en su cara o en sus nalgas. Pero fuera. Acto seguido el camarero se salió y con una mano que estaba acariciando la espalda bajo de mi niña cogió su miembro. En ese momento soltó un berrido que parecía venir de lo más profundo del infierno. Un grito sobrenatural que parecía salir de un túnel conectado con lo más profundo de la Tierra y que iba a desembocar al Universo. Un quejido de placer puro que inundó el establecimiento, estremeciendo a sus paredes y a todo lo que en él había. Un grito tremendo que hizo que todos los comensales cesaran su actividad, se callaran y pusieran su mirada en la escena que estábamos viviendo los tres. Con el tremendo quejido de puro placer del camarero 9 largos y potentes chorros de semen fueron despedidos con fuerza pasmosa. Varios fueron a dar al techo. Y otros cuantos salieron con fuerza despedidos hacia la mesa que había justo detrás del camarero, donde tres comensales disfrutaban de su estancia y recibieron la lluvia bendita del camarero que se follaba segundos antes a mi niña. Y así fue como ocurrió.

Después de esto nos vestimos. Mi nena y yo nos despedimos en el restaurante. Yo salí primero. Y ella salió minutos después en otra dirección.


Última edición por alfa el Mar Sep 20, 2016 5:58 am, editado 1 vez en total
Reason: De nuevo la palabra "niña" unida a una mano pequeña, pese a la aclaración de 23 años..., caminas por una delgada linea, no la cruces. Gracias.


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