Koshka escribió:
Tu teoría es interesante, pero creo que el amor químico que se produce por un cóctel hormonal, se produce única y exclusivamente entre dos seres a la vez. Es decir, obviamente podemos enamorarnos de más de una persona en nuestra vida, pero esa sensación de enamoramiento la vives en exclusiva por una persona y se debe no solo a las personas en sí si no a la situación en que estas se encuentran en un determinado momento de su vida, son un cúmulo de casualidades que hacen que se encienda esa chispa, probablemente si estás enamorado de uno, ni te des cuenta que ese posible "futuro amor" este pasando por tu lado...
Eso es, las "estrellas" se alinean para que eso suceda, ¿o le ha ocurrido a alguien con dos a la vez, mismo momento? Cuando estamos en un reunión, de manera consciente o no llevamos a cabo un barrido de la zona en busca de posibles especímenes con los que perpetuar la especie (uy, cómo suena esto, no se lo tomen al pie de la letra); nos podemos senrtir atraidas por uno, dos o tres pero al final acabamos con uno. ¿Por qué? ¿Nos enseñan desde pequeños que sólo debemos amar a una persona, que sólo nos debemos a uno y por eso rechazamos de saco amar en multitud? ¿Por qué parece más factible tener pareja y compartir sexo con otros (swinger, liberales... lo que sea) que amar a dos o tres a la vez? ¿Es que después de todo, el follar es solo eso, follar, (aunque lleves a cabo el kamasutra), la llamada de la naturaleza y amar son palabras mayores que, además, en ocasiones podemos controlar o silenciar?
No soy capaz de amar a dos personas, amar a una ya me cuesta un mundo. Seré egoista o poco amorosa, pero es lo que hay. Y digo yo, ¿no se reducirá todo a follar con todos adornándolo con amor? Digo, ¿eh?
Y ya que mencionas milenium,
Kosh, si no recuerdo mal ellos trabajaban juntos, quedaban y follaban pero no hacían vida en pareja ni compartían el día a día, se veían cuando a ambos les apetecía y estaban disponibles. Y ella, al casarse con uno ya eligió al hombre con el que, aparentemente, quería compartir su vida. Así que el otro, para mí, era cosa de la atracción.
Que digo yo que... qué difícil es estar en misa y repicando campanas, ¿no