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 Asunto: Entreacto (relato para Chapter3)
NotaPublicado: Mar Feb 26, 2008 9:05 pm 
Romber@ asidu@
Romber@ asidu@

Registrado: Lun Dic 04, 2006 2:14 pm
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Hola de nuevo.
Bueno, pues dejo un relato para Chapter3 según lo que me pidió. A mi también me ha interesado el sexo tántrico, así que espero que esté en la línea de lo que querías. No sé si me ha salido muy bien, pero yo he disfrutado éscribiéndolo y espero que vosotras, y en especial la prota, disfrutéis leyéndolo.

besos.

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Es mi primer día en el grupo de teatro. No he actuado desde una función del cole, pero me gustó mucho, y ahora que he roto con mi pareja es una buena forma de relacionarme y de olvidar mis penas. Y desde luego, parece efectiva porque poco después de entrar al teatro donde ensayamos te veo aparecer y olvido todos mis males. Notas que me he quedado un poco tonto al verte, me miras y cuando me doy cuenta retiro la vista algo nervioso. -Empiezo bien- pienso.

Sin embargo me alegro de ver que no te has molestado, puesto que poco después de acabar de hablar con otro amigo te me acercas y me dices:

- Hola, soy Anna. ¿Eres nuevo?- Te sonrío algo nervioso, es curioso pero hace tiempo que no trato con una mujer que me guste tanto.

-Sí, me llamo Ángel.

Auque me da miedo precipitarme, me apetece estar contigo, no sólo porque me gustes físicamente, sino también porque me siento bien recibido por ti.

Durante las dos horas que dura la clase estamos juntos, nos vamos conociendo y comprobamos que coincidimos en muchos aspectos. Es maravilloso conocer a alguien y sentir como si fuese un amigo de toda la vida, que compartimos aficiones, formas de ver la vida y sentido del humor. Y por lo que parece, a ti te pasa lo mismo puesto que nos hemos olvidad del resto de gente.

Terminamos la clase con unos ejercicios por parejas que incluyen estiramientos para potenciar la expresión corporal. Te noto algo incómoda al hacer algunos ejercicios y me explicas que tienes una molestia en el cuello. Tímidamente te comento que te podría dar un masaje, y aceptas con una sonrisa.

Así, al acabar la clase, nos sentamos en un banco en la acera, hace un bien día, el sol aún calienta a pesar de la época del año y se está a gusto. Te sientas y yo me coloco detrás de ti, de pie al tiempo que aparto la ropa que cubre tu cuello y tus hombros que quedan desnudos, para lo cual tienes que desabrocharte un botón más. Estás así precosa, me encana ver tus hombros desnudos, suaves y eróticos, y la visión de tu pecho desde donde estoy es maravillosa. Pero hay que estar a lo que se está, y comienzo darte un masaje tras frotar mis manos la una contra la otra. Sientes el calor de mis manos en tu cuello, en los hombros y en la espalda, acariciando cada vez más fuerte tu pelo, produciendo una sensación de cálida y luego cómo comienzo a actuar más firme y profundamente sobre tus músculos. El masaje es fuerte y en algunos momentos casi brusco, pero vas sintiendo cómo se relajan tus músculos bajo mis manos, cómo los nudos de tu cuello se deshacen poco a poco dejándote una placentera sensación de relax. Entonces, cuando ya estoy terminando y sin separar mis manos de tu piel para seguir transmitiéndote mi calor te comento.

- Parece que está mejor, pero creo que estás sometida a tensiones y por eso te ha pasado.

- Pues sí -sonríes- estos días son muy ajetreados, las notas y otras cosas...

Te has olvidado de volver a colocarte la ropa y lo hago instintivamente mientras te sonrío. Estás guapísima y me animo a invitarte a dar un paso más.

- Hay masajes que pueden ayudar a que te relajes, si quieres puedo darte uno en mi casa tengo aceites y camilla -titubeo un poco, pues temo que pienses que sólo quiero llevarte a la cama- pero sólo si quieres.

- Por mi estupendo -dices- seguro que me viene bien.

Así que nos dirigimos a mi casa. No queda lejos del centro y después de 20 minutos charlando y comentando nuestras vidas estamos entrando en ella. Es un apartamento pequeño, ves una habitación donde dejo la mochila que llevaba, pasamos un saloncito con cocina americana donde dejas tu bolso sobre el sofá y al fondo ves una puerta corredera.

- Bueno, ¿quieres tomarte algo antes de empezar?

Te sirvo lo que me pides y me tomo un zumo de naranja mientras hablamos tranquilos, en el ambiente notas un cierto olor a incienso, ya muy atenuado. Cuando ha pasado un rato, te propongo que pasemos al masaje cuando te apetezca y me dices que vayamos. Me levanto, me dirijo a la puerta corredera y me aparto para dejarte pasar primero. Entonces ves una habitación con el suelo de parquet, velas cerca de las paredes y una mesa baja con jarras de agua, cuencos con frutas, pieles de naranjas secas o pétalos de flores y un incensario. En el centro de la habitación un colchón bajo, casi como un tatami y en un pequeño armario de mimbre unas almohadas. Un último mueble de mimbre guarda varios frascos de aceites y perfumes, así como incienso y sándalo.

- Bienvenida a mi espacio de paz y meditación -te digo al tiempo que pasas. Y sacando una camilla plegable de detrás del sofá del salón la coloco en el centro de la estancia.

Después de un cajón bajo el sofá, saco unas toallas y una sábana de algodón blanco con la que cubro la camilla. Te alcanzo las toallas blancas y suaves, grandes como para cubrir a una persona, y te comento:

- Para un masaje relajante lo ideal es estar desnudo o sólo con las braguitas. Pero lo imprescindible es que te sientas cómoda, así que adaptaremos el masaje según prefieras estar. Cámbiate, túmbate en la camilla boca abajo, tápate con la toalla y me avisas cuando quieras que pase.

Salgo de la habitación y te desnudas quedándote sólo con las braguitas. Cuando te has tapado con la toalla me avisas alzando un poco la voz, y oyes la puerta abrirse de nuevo.

-Perfecto ?digo en voz suave- voy a ambientar esto un poco. ¿Estás cómoda?

- Sí, contestas ?mientras me concentro para centrarme en mi labor y prepararme interiormente para el masaje. Me oyes moverme por la habitación, cómo enciendo un fósforo y poco después un leve aroma a incienso que no se hace cargante sino agradable al estar la habitación bien perfumada. Ilumino con las velas la estancia y apago el resto de luces. Me coloco luego frente a ti y ves que yo también me he cambiado, llevando ahora unos pantalones blancos de tela amplios y una blusa también blanca de lino. Al bajar la cara apoyándote en la camilla ves mis pies descalzos. Retiro suavemente la parte de la toalla que cubre tu espalda, y tras untar mis manos con aceite aromático de rosas y frotarlas entre ellas produciendo calor, las sientes posarse cálidas y suaves en tu espalda, bajo tus omóplatos y reposar allí, transmitiéndote su calor que te parece se va extendiendo por tu espaldas primero sobre la superficie y luego más profundamente inundando tu pecho.

Durante varios minutos permanecemos así, de forma que un observador externo no percibiría ningún movimiento. Sin embargo, tú sientes a través de la presión de mis manos mi respiración profunda, consciente y relajada; y nuestros ritmos respiratorios poco a poco se acoplan. Tu respiración es ahora también profunda, sientes cómo con cada inspiración tu cuerpo se llena de energía, y comienzas a tener la sensación de que un canal se establece entre nosotros a través de las manos. Te sientes a gusto ya con el contacto, respiramos de forma coordinada y una corriente de energía nos atraviesa, pasando de mis manos a tu cuerpo, llenando de calidez tu pecho y extendiéndose poco a poco desde él por tus extremidades y subiendo por tu columna hasta la cabeza. Y sólo entonces, mis manos comienzan a acariciar tu espalda suavemente.

Apenas un roce al principio, con las palmas extendidas y toda su superficie acariciando tu piel, describo círculos amplios sobre tu piel, al contrario de las agujas de un reloj. Una plácida sensación acompaña cada caricia y vas sintiendo tu piel y tu espalda más conscientemente, como si el sentir tu piel acariciada te ayudase a delimitar los contornos de tu propio cuerpo. Al mismo tiempo, tus pensamientos comienzan a desvanecerse, y sólo la consciencia de tus sensaciones y de la energía que sientes entrar en tu cuerpo permanece.

Los movimientos se van haciendo más amplios, suben por tus hombros, recorro tu nuca y tu cuello, con las manos cálidas, haciéndote tomar consciencia de ellos, las yemas se pierden entre la raíz de tu pelo, masajeándote con todos los dedos siguiendo los meridianos de tu cabeza, provocando corrientes placenteras que descienden por tu nuca hasta tu espalda. Bajo acariciando tus brazos, su suave piel hasta llegar a las manos que tomo entre las mías y vuelvo a subir por la cara interna rozando apenas tu piel. Y de nuevo esa sensación de que tu cuerpo toma volumen, de que tus brazos se materializan al ser acariciados, pero se mantienen ligeros al igual que el resto de tu cuerpo.

Y finalmente, retirando suavemente la toalla, mis manos se deslizan suaves por tu espalda, tus glúteos, tus muslos, rozan la parte posterior de tus rodillas y tomo los pies en mi palma masajeando la planta con los pulgares generando un suave escalofrío que sube por tus piernas. En estos momentos ya has olvidado el mundo y todos tus sentidos se centran en percibir al 100% las sensaciones del masaje sobre tu cuerpo que ahora percibes nítidamente y perfectamente delimitado, así como el calor y energía que pasa a través de mis manos relajando y vitalizando cada parte de tu cuerpo. Continúo el masaje, volviendo a subir por u cuerpo, cada vez más profundamente, actuando sobre los nudos y los focos de tensión y deshaciéndolos entre mis manos y mis dedos; de nuevo desde tus pies hasta tu nuca.

No sabes cuánto tiempo ha pasado, y tampoco te importa, cuando vuelvo a taparte con la toalla las piernas y hasta la mitad de la espalda y te digo en voz muy suave:

-Podemos dejarlo aquí si quieres, o si prefieres tumbarte de espaldas para que complete el masaje.

Soy consciente de que boca arriba puede resultar más violento y si no estás convencida puedo causar el efecto contrario al que busco, así que no te presiono en ningún sentido, tan sólo mantengo el contacto de mis manos en tu espalda, esta vez a la altura de los riñones, sin que nuestras respiraciones se desacompasen.

- Sigue, me gusta mucho - me dices en un susurro al tiempo que dándote la vuelta retiras la toalla.

Eres tan bonita y tan sensual en esta posición que me cuesta mantener la tranquilidad necesaria para dar buen un masaje. Respiro profundamente, posando las manos en tus pies y dejando que mi calor fluya, para luego tomarlos uno por uno y masajearlos, relajando la planta, los dedos cada pequeño músculo y tendón. Sientes no sólo como el pie se relaja produciendo una sensación de bienestar todo el cuerpo, sino que al masajear los distintos puntos las partes reflejas de tu cuerpo se distienden también liberando su energía. Subo luego por tus piernas, acariciándolas, masajeándolas de abajo a arriba y sientes cómo al tiempo sube una hola de placidez y energía. Acaricio y masajeo con suavidad tus muslos, relajándolos, venciendo poco a poco rigidez que impone la costumbre de cerrar las piernas como protección del sexo. Mis manos recorren tu vientre en círculos amplios, al igual que hicieron con tu espalda. Sientes cómo al masajear alrededores de tu ombligo ?primero superficialmente y luego más profundamente con los dedos- un torrente de sensaciones se libera en tu interior inundándote. Tienes ganas de reír y llorar y lo haces según te sale, hasta que te sientes liberada de ese peso. Yo continúo con el masaje y subo por tu piel, acariciando tus costados, rozando suavemente con la mano tus pechos. Poco a poco me voy girando hasta estar en tu vertical y mis manos se posan en tu pecho, con las puntas de los dedos hacia el esternón. Así, bajo las manos entre tus pechos y hasta tu bajo vientre para luego subirlas por tus costados, en oleadas que siguen tu respiración y te llenan de energía. Luego dirijo las manos desde la misma posición a tus hombros, los bordeo y pasando la mano bajo tus omóplatos las dirijo suavemente hasta tu nuca que masajeo con las yemas de mis dedos desde el cuello hacia arriba. Sientes cómo de tu nuca el placer se distribuye a todo tu cuerpo y cuando mis dedos se pierden entre tu pelo masajeando en sus raíces es como si una electricidad recorriese toda tu piel y se dirigiese desde allí a todo tu cuerpo.

Finalmente mis manos acarician tu cara, recorriendo tus orejas entre mis dedos y detrás de ellas en círculos pequeños, masajeando tus sienes y subiendo a tu frente para acariciarla con las manos planas haciendo que sientas cómo el calor penetra en tu mente y casi sientes la energía llegar a tu alma. Poco a poco voy acariciando, masajeando y relajando cada rincón de tu precioso rostro y cuando acabo dejo mis manos sobre él, permitiendo que el calor entre en ti. Una sensación de felicidad y seguridad te invade, y simplemente te dejas estar quieta, sintiendo el momento.

Al cabo un tiempo deslizo mis manos de nuevo hasta tus hombros y de allí tu pecho sintiendo de nuevo tu respiración, y me deleito mirándote la cara. Todas las tensiones del rostro han desaparecido y estás absolutamente preciosa, con una expresión de felicidad casi infantil que me vuelve loco. Abres los ojos, sonriendo, los fijas en los míos y tras unos segundos mirándonos así no puedo reprimir mi deseo por más tiempo e inclinándome sobre ti beso tus labios suavemente. Estoy algo tenso por miedo a que me rechaces, pero levantas tus manos para acariciar mi cabeza mientras te beso, y relajándome me abandono al beso, mordisqueando tus labios y dejando mi lengua acariciarlos, recorriendo con ella tus dientes para luego entrelazarla juguetona con la tuya.

Mis manos bajan de nuevo desde su posición pero esta vez para dirigirse a tus pechos, acariciándolos suavemente. Los noto erectos y los acaricio en círculos, arqueas ligeramente el cuerpo y noto que disfrutas. Bajo más con la mano izquierda, dejando que entre bajo el slip de tus braguitas, acercándose a tu sexo, aunque no llego por ahora a tocarlo. Tú desde tu posición acaricias mi pelo, mi cuello y mis brazos y la electricidad recorre mi piel con cada una de tus caricias. Beso tu barbilla, tú mi rostro, mis ojos, mientras tu cuerpo absolutamente sensible tras el masaje se contonea con mis caricias.

Entonces te tomo en brazos y te llevo sin dejar de besarnos a la ducha donde te poso de pie y bajando con las manos por todo tu cuerpo aún lubricado por el aceite de rosas deslizo tus bragas hasta los pies y te observo despacio recreándome en tu belleza. Me levanto y volvemos a abrazarnos y besarnos mientras el agua cae sobre nuestros cuerpos. Poco a poco te enjabono sin que nuestras bocas se separen. Tu lengua busca lamía, la encuentra y se acarician lascivamente en tu húmeda boca mientras mis manos terminan de aclarar tu espalda, tus costados, tus caderas y tu culo. Bajo despacio lamiendo tu cuerpo ya libre de aceite hasta detenerme en tu vientre, rodeando el ombligo, bajando por la línea entre este y tu sexo, en círculos, mientras enjabono y después aclaro tus piernas, tus muslos y tus pies.

Cuando vuelvo a subir te abrazo tomando tu cabeza con mi mano izquierda y tu espalda con la derecha, pegado a ti, y tú tomas mi cabeza con ambas manos al tiempo que pegamos nuestras caras la una contra la otra, sintiendo simplemente nuestros cuerpos cálidos y la respiración del otro. Nuestras respiraciones siguen coordinadas, tranquilas y serenas, en contraste con la excitación sexual que ya nos invade. Tomo tu pierna izquierda con suavidad levantándola hasta rodear mi cadera dejando tu sexo abierto al mío, y suavemente avanzo penetrándote despacio. Hemos perdido el sentido del tiempo pero hace ya más de una hora que te acaricio y tu sexo está húmedo, dispuesto para el amor. Mi polla entra en ti suavemente, despacio, mientras nos besamos. Comienzo a follarte de pie, rítmicamente. Sentimos cómo una corriente se establece, pasando de mi polla a tu vagina y volviendo a mí desde tu boca a la mía mientras acaricio tu espalda al tiempo que follamos en la ducha. Tú permaneces abrazada a mi cuello y mi cabeza y yo acaricio tu culo y tu espalda suavemente, recorriendo la columna en largos pases con los dedos que te hacen sentir cómo te recorre un hormigueo ascendente.

Durante 10 minutos mi polla entra y sale de ti así, en medio de caricias y besos y mirándonos, sin necesidad de hablar, te sueltas de mi un momento para que salgamos y nos sequemos el uno al otro. Ya secos, te tomo en brazos, con tus piernas alrededor de mi cintura, llenando tu vagina al tiempo que te dejas caer hacia atrás; y te conduzco así hasta la habitación donde poco a poco te poso en el colchón y acercando mi boca a tu sexo lo huelo y paso mi lengua por tu vulva abierta, desde la entrada de la vagina hasta el clítoris, despacio primero, luego más rápido, recorriendo los labios, acariciando tus muslos y tu vientre hasta llegar a tus pechos, rodeando tu clítoris con la lengua en un sentido y el otro para luego lamerlo de arriba abajo varias veces, chupándolo luego. Tu cuerpo se arquea y mis manos lo acarician. Sustituyo mi lengua por los dedos masajeando suavemente tu clítoris para bajar hasta tu vagina que follo con mi lengua dura, rápidamente entrando y saliendo de tu húmeda vagina, al tiempo que meto el dedo corazón de mi otra mano y acaricio tu vagina buscando aquella zona especialmente sensible y rugosa, que masajeo en círculos sintiendo cómo el placer aumenta en ti, te arqueas, mueves tus caderas contra mi boca y vuelvo a tomar tu clítoris para chuparlo entre mis labios sin dejar de follarte apasionadamente con la mano.

Siento entonces cómo te arqueas mucho más que las otras veces, gimiendo al tiempo que sientes tu cuerpo temblar y tu vagina me aprisiona mis dedos mojados en tu sexo. Y subiendo por tu cuerpo te abrazo besándote y tú me respondes apretándome contra tu cuerpo.

Nuestras respiraciones siguen unidas, como si de un milagro se tratase cuando te abres de nuevo para mí y comienzo a follarte de nuevo, rítmicamente, cuando casi no se ha apagado tu orgasmo. Nos lamemos, nos acariciamos, tus dedos recorren mi espalda y poco a poco voy levantando tus caderas, hasta colocarme de rodillas con tus piernas sujetas a mi cadera y tu cuerpo apoyado contra el suelo por los hombros. Mi polla entra y sale de tu coño, disfruto viéndote así, y tú al mirar me observas penetrándote mientras mis ojos te expresan un amor sincero. Y de forma inesperada, un segundo orgasmo te invade, recorriendo tu espalda, subiendo por tu columna y explotando en tu cerebro haciéndote sentir una con el universo, al tiempo que todo mi cuerpo tiembla de la misma forma en un profundo orgasmo, sin que por ello eyacule en ti.

Caemos al lado el uno del otro abrazados de nuevo y mientras sujetamos nuestras caras mutuamente como para evitar que se nos escape el beso sonriendo te digo: ?Te quiero Anna.?


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NotaPublicado: Mar Feb 26, 2008 9:21 pm 
Romber@ Avanzad@
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Registrado: Mié Oct 17, 2007 1:55 pm
Mensajes: 4317
:shock: :shock: :shock: :shock: :shock: :shock: :shock: :shock: :shock:

Que calor!!!!!

MUchas, muchas, muchas, muchas, muchissimas gracias!



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He esbrinat que puc viure /ben lluny del vostre món.

D'aquí a odiar-vos hi ha un sol pas, que diuen.
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NotaPublicado: Mar Feb 26, 2008 11:23 pm 
Romber@ Avanzad@
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Registrado: Mar Abr 10, 2007 6:40 pm
Mensajes: 2088
jajajaja... Ya eres de las nuestras! :wink:


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NotaPublicado: Mié Feb 27, 2008 8:45 am 
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Registrado: Mié Ene 09, 2008 7:43 pm
Mensajes: 475
Yo quiero un masaje de esos!!!!!!!


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NotaPublicado: Mié Feb 27, 2008 8:53 pm 
Romber@ Avanzad@
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Registrado: Mié Ene 16, 2008 12:11 pm
Mensajes: 811
Me ha encantado!! :wink:


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NotaPublicado: Mié Feb 27, 2008 10:23 pm 
Romber@ asidu@
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Registrado: Lun Dic 04, 2006 2:14 pm
Mensajes: 231
Gracias por los comentarios chicas.
Qué mundo este, unas queriendo un masaje y otros queriendo darlo sin que le dejen.


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NotaPublicado: Vie Feb 29, 2008 9:18 am 
Romber@ Novat@
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Registrado: Lun Oct 01, 2007 3:47 pm
Mensajes: 24
Al principio me pareció un poco sensible, más de lo necesario, pero a medida que ibas avanzando, le diste mayor carga erotica.
Me encanta cuando dices "me folla con la lengua", utilizas la palabra polla,follar , para darle una carga, si quieres más pornografica.
Me hagustado mucho.


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NotaPublicado: Vie Feb 29, 2008 1:03 pm 
Romber@ asidu@
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Registrado: Lun Dic 04, 2006 2:14 pm
Mensajes: 231
Hola frapaca. me alegro de que al final te haya gustado.
Yo también temí que me quedase un poco largo el masaje y eso, pero creo que a Chapter le gusta esas cosas (a mi me gusta darlos, pero no estaba seguro de que pudiese gustar la descripción).

Intento adaptar el estilo y la intensidad a lo que creo que más le puede gustar a la destinataria.

Tengo otros más directos si te gusta más ese estilo,

Besos


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